Daniel Rosemberg Cervantes Pérez

Politólogo

Consultor Legislativo

Innovador Cívico

Activista

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Publicaciones

Participar para innovar

La participación ciudadana, los procesos participativos o la innovación cívica que cada vez de escuchan más en los últimos años. Pero, ¿a qué se refieren con estas expresiones? ¿Qué beneficios genera en el Sector Público? Aquí abrimos algunas claves de estas expresiones.

¿A QUÉ NOS REFERIMOS CON PARTICIPACIÓN CIUDADANA?

Bajo la expresión de participación ciudadana se pueden encontrar múltiples métodos, formas de trabajo, procesos e incluso iniciativas con finalidades muy diferentes. En ocasiones se yuxtapone o intercambia con el concepto de «innovación democrática» (Elstub & Escobar, 2017), o con el de «Gobierno Abierto».

Al menos aquí nos referimos a aquellas acciones y actividades que implican la participación y colaboración de la ciudadanía usando diversos mecanismos tecnológicos y tecnosociales para diversas finalidades. Suelen estar impulsadas o bien desde el sector público (lo que se diría top-down o desde la cumbre), o incluso desde el sector cívico-social en cooperación con la Administración Pública local (down-top o desde las bases).

Por participación ciudadana, pues, podemos entender muy diversas cosas: puede significar desde un simple proceso deliberativo entre asociaciones de vecinos para decidir un pequeño plan de actuación sobre un barrio; puede suponer un proceso de «ciencia ciudadana» y recogida de datos sobre temas muy variados (por ejemplo, puede ser sobre temas medioambientales, contaminación o polen en zonas muy localizadas, o sobre el estado de las calles y la opinión de actuación).

Pueden ser también incluso sesiones de co-creación o diseño colectivo (guiado por expertos y profesionales) para definir un nuevo servicio, o la reforma de un parque público. En resumen, define a grosso modo distintos métodos, que implican de manera directa al ciudadano o usuarios destinatarios de una iniciativa concreta.

Es por este motivo, que en cuanto se aplican estos procesos por parte del sector público, por la naturaleza de la participación con una mirada más horizontal (menos vertical) y, en cierto modo, rupturista con el modelo delegativo y representativista de muchas democracias occidentales, que se le llame también «innovación democrática», pues suponen una superación de este modelo y trabajar más estrechamente con los ciudadanos.

La verdad es que los métodos participativos vienen del mundo del diseño y la investigación social, no son exclusivos, pues, de lo público y ciudadano. Este tipo de métodos y dinámicas permiten, sin duda, elevar muchas posibilidades en combinación con la lógica digital: aplicar o combinar tecnologías de red y plataforma, trabajar de manera más ágil, etcétera.

¿PARA QUÉ PUEDE SERVIR? VENTAJAS DE LOS PROCESOS PARTICIPATIVOS

Las aplicaciones que estos métodos pueden suponer son muy variadas. Puede servir, como ya se ha comentado pero como uno de varios ejemplos, para recoger datos y opinión de temas complejos o sobre temas muy variados, para que más tarde la Administración pública pueda tomar decisiones en la gestión o estrategia local.

De hecho, esta perspectiva (los procesos deliberativos) es quizá la más utilizada hasta la fecha, en forma de jornadas de votaciones o plataformas de debate. Y como se ha dicho, puede servir para rediseñar servicios, funcionalidades o bienes públicos.

Más allá de la funcionalidad final de estos procesos, podemos hablar de otros beneficios para el Sector Público:

  • Estos métodos permiten hacer partícipes a los ciudadanos de cuestiones que les afectan más o menos de manera directa, reforzando la vitalidad y calidad democrática de las instituciones partícipes. Esto permite a su vez diversas cosas, como mejorar la relación, recíprocamente, entre el Sector Público y la propia ciudadanía. Aunque esto implica que los datos y proceso completo sea transparente, implica por tanto buena gestión de la comunicación pública
  • Poder trabajar directamente con los afectados, sobre todo en procesos de co-creación, o diseño, o reflexión colectiva, permite tanto recoger información valiosa mediante el diálogo que allí se genera, pero también permite comprender mejor las necesidades, expectativas y miedos que los usuarios afectados o implicados tienen mientras desarrollan, diseñan o co-crean una cuestión. Información que no articulan frecuentemente mediante técnicas de debate o entrevista. En campos como el diseño, el desarrollo de productos o la llamada Experiencia de Usuario (UX) se lleva años abordando estos métodos por estas razones, dejando de lado los Focus Groups o grupos de discusión/enfoque como anticuados
  • Permite agilizar procesos de recolección y gestión de datos e información de problemas que van emergiendo.
  • Puede ayudar a reducir las tensiones entre diversas partes o stakeholders en la gestión de diseño de nuevos problemas emergentes
  • También ayuda a agilizar en tiempo y recursos el diseño de una propuesta, una política pública o una iniciativa con mejores posibilidades de impacto y éxito.

ALGUNAS LIMITACIONES

Algunos de estos procesos, en su forma más deliberativa, pueden ser (relativamente) fáciles de escalar mediante el diseño o uso de plataformas digitales que permitan hacer debates, votaciones y gestionar esos datos y comunicaciones. Pero así mismo, en ocasiones necesitan ser complementados con otros tipos de técnicas.

Algunas de estas técnicas requieren el trabajo presencial con las y los participantes, y aunque se trabajan con grupos reducidos, no de manera necesaria representativos estadísticamente de toda una población (es decir, no es necesario trabajar con todo el mundo, pues estamos hablando de técnicas de investigación cualitativas, o que son del ámbito del diseño), esto implica que tiene una dificultad de ser escalado o automatizado. Es decir, requieren cierta «artesanalidad», y trabajo con diversos profesionales.

Por el momento, la mayoría de casos y aplicaciones se están dando en ámbito local y regional. Esto se puede deber por diversos motivos. Uno, por lo innovadoras que son estas prácticas, es menos arriesgado que las ciudades las pongan en práctica que una administración de una región con una población mayor y aun más diversificada. Si bien es cierto que las primeras en ponerlo en práctica son justamente grandes ciudades que cuentan con universidades y facultades de ciencias sociales, con ecosistemas de innovación y creativos.

Y por otro lado, al ser tan nuevas estas técnicas, aun se desconocen en altas instancias qué son y para qué sirven, y se comienzan a aplicar desde administraciones más localizadas (municipios, diputaciones….).

Hablaremos en otro post sobre los tipos de técnicas y métodos de innovación cívica, y algunos ejemplos de su aplicación.

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